
Cantos de los ángeles
El Ensamble Correspondances en el ciclo de Música Antigua para nuestro Tiempo de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango
En la Semana Santa de los católicos, la Iglesia se devuelve cientos de años a sus prácticas más antiguas; es un espacio para la tradición. Si bien, hay muchas maneras de conocer la historia de tiempos pasados, hay una que es más pura y sincera: la música. Escuchar música de cierta época es sentir lo que un pueblo algún día dijo pero ninguna palabra fue capaz de expresar, así, la Semana Santa es el momento oportuno para escuchar música sacra, los seres humanos están dispuestos a escuchar los cantos de los ángeles.
Una hora antes del concierto se llevó a cabo un conversatorio acerca de la música que sería interpretada más tarde. Me sorprendió gratamente el hecho de que fuera dirigido por Rodolfo Acosta, uno de los músicos más activos de la escena de música contemporánea y de vanguardia en Colombia. Sus conocimientos de historia y música llegaron con agrado y curiosidad a los asistentes. Al final, una persona del público le preguntó “¿qué le diría a un niño que va a escuchar en el concierto de hoy?”, parafraseando a Rodolfo Acosta en su respuesta, le dijo que escucharía “los cantos de los ángeles”; el mejor intento de los hombres tratando de imitar a los ángeles. He tomado prestada esta expresión para titular este artículo, pues después de escuchar la música, no encontré otro adjetivo para describirla mejor.
Creo que la música barroca francesa es balance, equilibrio y sutileza –obviando el término belleza- la música de Charpentier pone cada elemento en su lugar; a pesar de que el protagonismo de un instrumento es natural, ninguno opacaba al otro. En la música como en la vida es tan importante hacer como escuchar; si mi sonido no me permite escuchar al que está a mi lado estoy siendo egoísta, estoy cumpliendo mal mi función.
Cada frase de esta música es única y especial, hay que escuchar a fondo para apreciar más aún la belleza que ya es evidente ante los sentidos. Los colores de las voces y los instrumentos eran dulces y claros, aspecto que relaciono con la época y el contexto de estas obras; es música para la espiritualidad, la desnudez del hombre ante los ojos de Dios. Las piezas vocales eran como un canto de esperanza, el mensaje de los ángeles a los hombres en la tierra.
Las piezas interpretadas en este concierto no son, ni fueron en su época especialmente famosas, lo que creo que es parte del encanto de ellas. Vivimos en un mundo globalizado donde todo se encuentra a un click de distancia. No debemos olvidar lo inigualable que es la música en vivo, la sensación de cada onda chocando contra nuestros sentidos, ser parte del sonido, ser parte de la música.
Al final del concierto recordé el nombre de la exposición temporal que hay en la biblioteca conmemorando los treinta y cinco años de la muerte del escritor Andrés Caicedo: morir y dejar obra. Un hombre que como todos los grandes artistas, no le tuvo miedo a la muerte, e hizo hasta lo imposible para dejar su legado en la tierra. Así fue la música de Marc-Antoine Charpentier: dejar la tierra para trascender.

August Rodin
"Eternal Springtime"
Museum of Fine Arts - Boston MA